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Manto Púrpura - Sanjuana Martinez

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Manto Púrpura - Sanjuana Martinez

Mensaje por Inu Wolf el Lun Sep 24, 2012 5:36 pm

Sanjuana Martínez – Manto Purpura.








¿A cuántos curas pederastas ha protegido el manto púrpura del cardenal Norberto Rivera Carrera? Un hecho escandaloso e inédito: el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, ha sido denunciado ante la Corte Superior de California por conspiración a la pederastia. Se le acusa de ocho cargos, entre otros el de negligencia por haber protegido al cura Nicolás Aguilar Rivera. Ésta es la primera denuncia de abuso sexual a menores de edad realizada contra un cardenal en el mundo.

Sanjuana Martínez hace un recorrido escalofriante, puntual y detallado de este caso que le ha estallado a México frente a sus ojos. A través de una rigurosa investigación y documentos reveladores, la autora desentraña una historia vergonzosa: la pederastia del cura Nicolás Aguilar, quien abusó de casi noventa niños y ha sido encubierto por el cardenal Norberto Rivera. A partir de este caso, la autora nos enfrenta a un hecho que no podemos dejar de ver en el México moderno: la pederastia clerical, un mal tan vivo como quienes lo practican.

A la infamia de la violación sexual se añade la del encubrimiento. En Manto púrpura -escrito con el estilo recio y afilado de Sanjuana Martínez-, la autora nos revela un escándalo que se duplica cuando responsables eclesiásticos como el cardenal Norberto Rivera, en lugar de haber expulsado a los culpables de los abusos, los encubrieron y protegieron, ampararon y defendieron. Manto púrpura es un libro valiente y comprometido que conmocionará a toda la sociedad mexicana.



Biografia Sanjuana Martínez

Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Trabajó para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2 y la revista Proceso. Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero recibió el Premio Nacional de Periodismo en 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el Primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos, y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset. Ha publicado los libros Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera; La cara oculta del Vaticano y Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos. Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Planeta) recibió en 2008 el Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón. Sus libros más recientes son Periodismo incómodo (UANL) y Verdades que no mueren. Es colaboradora en los textos Los intocables (Planeta, 2008), Un día sin inmigrantes y Voces de Babel.
Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.



ENTREVISTA:

Guadalajara, Jalisco.- ¿Cómo fue la investigación para realizar este libro y que complicación encontraste?



– El abuso sexual de sacerdotes es un tema que siempre me había interesado desde que fui corresponsal en Europa y trabajé información en el Vaticano, donde supe de las primeras víctimas del pederasta Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. A partir de ahí me adentré en la problemática de este cáncer que carcome los cimientos de la iglesia católica, y me comprometí a seguir estos asuntos.

Me desplacé a Estados Unidos; en ese país ha imperado la justicia porque llevan 20 años trabajando a favor de las víctimas. Existen organizaciones como la red de sobrevivientes de abusos sexuales de los sacerdotes que está haciendo un excelente trabajo para acoger a las víctimas y guiarlas en su recuperación, porque las víctimas de abuso sexual de sacerdotes no se recuperan hasta que empiezan a hablar y a ver la posibilidad de justicia.

Las dificultades dentro de la investigación y todo este trabajo periodístico son parte de los gajes del oficio en México. Me enfrenté a la auto censura por parte de un medio de comunicación, que por fuerza pasa por una revista “inmaculada”, en donde no hay autocensura, pero como dicen “no conozco ninguna redacción en donde no se oculte información y donde no se decida publicar esto o lo otro”

Para mí fue un decepción muy grande, y decidí utilizar otro de los medios que tenemos los periodistas que es la publicación de libros. Esta especie de libros mediáticos que en otros países han resultado extraordinarios y que en México apenas empiezan a colar las editoriales, lo cual celebro muchísimo.

– ¿En algún momento tuviste más dificultades para este trabajo?

– Principalmente en las fuentes con respecto a la iglesia; no hay acceso a los archivos de la iglesia. La jerarquía católica mexicana niega el acceso a la información, a pesar de que está en las leyes mexicanas. Además de una dificultad extrema después para que la investigación, ya convertida en libro, pudiera salir a la luz pública en los medios de comunicación. Me han hecho 30 entrevistas, de las cuáles se han publicado la mitad. Supongo que son procesos de auto censura o de censura, porque el cardenal Norberto Rivera es un hombre muy poderoso. La iglesia católica en México es una institución, pero el cardenal y el sacerdote Nicolás Aguilar deben pagar por esos delitos.

–¿Cómo fue el proceso de acopio informativo?

– Localizar a las víctimas para recoger los testimonios de la gente afectada por la pederastia clerical, luego acudimos a organizaciones y despachos jurídicos que apoyan a las víctimas, interponiendo demandas, realizando investigaciones judiciales. Posteriormente me senté a escribir. Creo que soy una periodista disciplinada y gocé, disfruté muchísimo este trabajo. Pero fue muy doloroso, porque esos testimonios estaban llenos de sufrimiento, de mucha indignación. Creo que, todo periodista que se digne ejercer libremente el periodismo debería retomar temas significativos, que son considerados tabúes en México y que me parece absolutamente inaceptable

– ¿Cuánto tiempo te abarcó el libro?



– El libro ya más o menos estaba estructurado. Yo esperé porque puse en contacto a la víctima Joaquín Aguilar con la red de sobrevivientes de abusos sexuales de sacerdotes. Ellos a través de los abogados le preguntaron que si estaba dispuesto a interponer una demanda en contra del cardenal por conspiración a la pederastia. Esa demanda se tardó unos meses y ya quería sacar mi libro. Yo esperé a que se interpusiera esa demanda, porque es un hecho inédito en la historia mexicana, por primera vez se demanda a un cardenal por delitos relacionados por abuso sexual de sacerdotes.

Lo terminé a finales de octubre del 2006 en Monterrey. El libro lleva 35 mil ejemplares vendidos en 15 días (a principios de diciembre) y estoy pensando hacerle una carta al cardenal para agradecérselo. La distribución no ha tenido problemas hasta ahora, aparentemente se ha distribuido perfectamente en el interior de la República y en las librerías. Lamentablemente (surgieron) las intimidaciones de la iglesia, las amenazas de muerte telefónicas, los seguimientos en coche, que todo esto forma parte de un intento, siempre para perjudicar al mensajero para que el mensaje no llegue.

Las amenazas

– ¿Cuándo empezaron los ataques?

– A partir del 19 del septiembre, cuando interpusieron la demanda contra el cardenal, a partir de ahí empezaron las llamadas a altas horas de la madrugada amenazándome que me iba a ir al infierno, que me van a matar, los mails son absolutamente agresivos y soeces. Pero, pienso como Jesús Blancornelas, creo que estos son los gajes del oficio cuando ejerces el periodismo éticamente en México. Blancornelas decía “quien te quiere matar, te ejecuta, no te amenaza”; yo estoy de acuerdo con eso, creo que es gente fanática o no sé si corresponde a un aparato estricto de operación de intimidación hacia mi persona, pero lo que es evidente es que intentan silenciarme.

– ¿No se han detenido estas presiones?

– Llevo 2 semanas fuera de mi casa y estoy en promoción de mi libro y he dormido muy bien últimamente. Creo que son intermitentes, no es una cosa a la que considero que debo de darle tanta importancia. Sí te puedo decir que siento que en México necesitamos una fuerza gremial, que en estos casos, te apoye. He recibido muchas muestras de solidaridad de compañeros a manera individual, lo cual agradezco profundamente, pero siento que hay un hueco en el gremio periodístico en México. El ejercicio del periodismo debería de ser protegido por las leyes, el gobierno, las empresas de medios de comunicación, porque el pueblo de México se merece recibir información completa.

– ¿Nos comentaste que el libro no lo estaban vendiendo en Samborns?

– En Samborns y en Comercial Mexicana; me lo dijeron los distribuidores que están intentando ingresar a ese mercado, entiendo que a través de la negociación. Como tú sabes el señor Carlos Slim es amigo personal del cardenal Norberto Ribera, por lo cual no me extraña que exista este bloqueo comercial al libro

La censura en Proceso



–¿En cuanto a la censura que comentaste, qué pasó dónde fue?



– Es un camino azaroso, el trabajo del periodista investigador se enfrenta a muchísimos obstáculos, pero estos obstáculos no deben ser considerados como barreras para terminar ahí tu trabajo, sino que deben de ser alicientes para continuarlo.

Efectivamente en el caso de Proceso, el jefe de información, Salvador Corro, me dijo que la información de mi reportaje sobre la pederastia clerical, que ellos censuraron, no se publicaba porque parecía que estábamos haciendo una campaña contra la iglesia. Eso me pareció injusto porque el trabajo periodístico que presenté en Proceso no fue desacreditado por sus virtudes, estaban los testimonios, los documentos y las víctimas, quienes esperaron un mes, dos meses, seis meses a que se publicaran sus testimonios, y nunca fue así. Yo tengo mucho que agradecerle a Proceso porque formé parte del auténtico Proceso, el de Julio Sherer y Vicente Leñero, y que por desgracia en este momento está en manos de un ser inferior que es Rafael Rodríguez Castañeda, que tiene este tipo de aberraciones acumulando, por ejemplo, otras arbitrariedades que comete con algunos de los periodistas que hemos pasado por la redacción de Proceso. Esto es triste, no deja de ser desalentador que un medio el que se erige como estandarte de la libertad de expresión.



Se comenten arbitrariedades contra sus trabajadores como es mi caso, porque no me dieron mi indemnización. Interpuse una demanda judicial que en este momento está en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje en el Distrito Federal. Esa autocensura me resulta inaceptable. Creo que el legado de Julio Scherer y de Vicente Leñero es incuestionable y debería de cuidarse y no caer en la decadencia como es los instrumentos de la censura y la autocensura.

– ¿Te refieres al caso del colegio Salesiano?

– Así es. El caso de los salesianos está incluido en el libro y evidentemente aborda los abusos sexuales cometidos contra unos alumnos de un colegio salesiano, en Morelia, Michoacán. Es un tema verdaderamente terrible, como todo lo que se narra en el libro Manto púrpura; yo te puedo decir que no hubo de parte del director Rodríguez Castañeda ningún cuestionamiento sobre la materia prima que era el reportaje. La excusa era que parecía que trajéramos campaña contra la Iglesia. Le dije a Salvador Corro, que campaña es la de Proceso contra Martha Sahagún, y entonces él contestó, “sí, sí es campaña, pero nosotros la traemos”

Entonces por qué hacer esta diferencia; creo que la pederastia clerical tiene que romper el silencio cómplice, y las barreras informativas porque la impunidad de la que ha gozado la iglesia debería de terminar, y somos los periodistas los que somos agentes de cambio, que debemos decir basta. Hay que publicar y decir lo que está pasando.

La demanda

Yo salí de Proceso por otras cuestiones, evidentemente protesté por esa situación, protesté por unos abusos laborales que se le han cometido a varios empleados, reporteros compañeros de Proceso, unos ya no están ahí. Y sobre mi caso concretamente –eso fue en mayo de 2006–, evidentemente el señor Rodríguez Castañeda tomó esa excusa. Yo había planeado mi vuelta a México, estaba planeado crear Proceso Monterrey, Scherer y Leñero así me lo habían expresado juntos. Cuando llegué a Monterrey, Rodríguez Castañeda me dice: “yo quiero que tú te vayas a Madrid”; es evidente que era un reajuste de cuentas por mi postura reivindicativa de todos estos años, porque yo siempre tuve una postura reivindicativa.

– ¿Después de mayo que pasó?



– Yo le dije que no me iba a ir a Madrid, mi marido ya tiene trabajo y mis hijos están aquí. Entonces le dije si quieres indemnízame, si quieres correrme me puedes correr y entonces él me dijo, lo voy a pensar. A los pocos días me mandó al jefe de Recursos Humanos diciéndome que con la pena, que me rescindía el contrato, pero resulta que yo no tenía contrato y me ofrecían una cantidad mucho más inferior de lo que me correspondía por 15, 16 años de trabajo. No acepté, y lamentablemente tuve que acudir a los juzgados para hacer justicia a mis derechos laborales.

Sanjuana Martínez lleva 20 años en el periodismo. Realizó un posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estaos Unidos y Europa. Ha trabajado y colaborado en diferentes diarios y revistas.

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