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Fraud [vuelta]

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Fraud [vuelta]

Mensaje por Piki el Sáb Sep 12, 2015 9:11 pm

Valles umbríos. Montes boscosos. Ríos helados.
Algún rumor lejano que susurra que hubo algo ahí, aullidos en eco.
La vieja Fraud, alguna vez el escenario donde dieron sus primeros pasos. 
Fueron muchas traiciones, todos morían y resucitaban, volaban, tenían poderes, casi rayos láser en los ojos. Decidimos, entre los primeros miembros, rearmarla y engrandecerla con lo que un par de añitos en el medio pudo mejorar nuestra escritura.
Es momento de su nueva etapa.
Sean bienvenidos, audaces escritores, al terreno donde han de moverse esta vez.

Fraud es una isla que contiene muchos pueblos, ciudadelas, aldeas, asentamientos. Es aquí donde tenemos nuestras residencias. A lo largo del rol veremos si ya existen otras tierras o se van descubriendo.
Pueblos separados para cada jugador, todos en condiciones medievales. Es condición no conocer completamente a los demás personajes de antemano. Pueden reconocerse de casualidad cuando nos juntemos todos.

Hay tótems (con animales, vegetales, eventos de la naturaleza, insectos) que pueden ya tener u obtener en el transcurso del post (ustedes deciden cuál y cuándo adjudicarlo). Pueden optar por poder transformarse en el objeto de su tótem o simplemente copiar sus hábitos y características. Es crucial que todos tengan uno.

Desarrollarán durante algunos posts las personalidades de su gente y su aldea. Háganlas distintivas, no sectarias sino con algunas particularidades que luego se resaltarán cuando se junten los personajes.

Un acontecimiento los acercará a todos finalmente. ¿Guerra, peregrinaje, retiro espiritual, rebeldía? Es un rol, dejaremos que fluya hacia donde tenga que ir.

Las reglas son para que roleemos tranquilos, quien no se atenga a ellas puede ser invitado a retirarse del juego.
1) Cuiden la ortografía y la forma de escribir, produzcamos algo que sea agradable de leer.
2) Pueden hacer o no una ficha de personaje en su primer post; si elijen no hacerla, descríbanlo a la brevedad. Nombres, edades, sexo, ocupaciones, lo que quieran ustedes, dentro de cosas realistas (no les pongan veinte cabezas y piel de tres colores).
3) Roleen en tiempo pasado, excepto en posts que requieran usar otro por equis situación. Primera o tercera persona, a elección de uds.
4) Nadie es inmortal. Si deben morirse, así será. Se reincorporarán bajo otro personaje u otra forma, pero NO eviten morir ni busquen resucitar. Si tienen que matar a otro personaje, háganlo.
5) Realismo en las situaciones. Es imposible recorrer ciertas distancias en ciertos tiempos, seguir batallando con medio cuerpo fracturado, estar a punto de morir y al día siguiente corretear desnudo por el campo como si nada, etc.
6) Inicialmente NO va a haber magia. Se introduce de a poco (a la manera de Juego de tronos para quien lo haya leído, paulatinamente las cosas son más "extrañas"). Lo único raro son las transformaciones, aquellos que empiecen a hacerlas desde el principio. Recuerden que incluso los objetos a los que transmutan deben guardar un buen margen de realismo.
7) No hay un límite mínimo o máximo de escritura, pero procuren hacer posts extensos para no jugar de a una línea.

Queda abierta a discusión la posibilidad de instaurar un orden de posteo para evitar el ping pong entre dos usuarios ocasionalmente conectados.
¿Queda todo claro?

Saludos,
Grulla.

Piki
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Re: Fraud [vuelta]

Mensaje por (·Kim·) el Dom Sep 13, 2015 2:28 pm

(Permiso, primer post. Decidi no hacer una ficha. Hay mucha info de mi personaje repartida en el post. Bueno... Empecemos!) 

Me eché hacia atrás, apoyando la espalda adolorida en el tronco del árbol, disfrutando de ese dia cálido y tranquilo. Suspire, mirando las ovejas pastar. Mi cayado para guiarlas descansaba entre mis piernas, apoyado en mi hombro. Las miré, algo envidioso. ¿Cómo era que ellas podian encontrar alimento simplemente agachando la cabeza? Nosotros teníamos hambre, y mucho. Pero no podiamos matarlas indiscriminadamente, quedaban muy pocas. Estaban desapareciendo... Y nosotros también. 
No podía darme el lujo de quedarme sentado vigilandolas todo el dia, tenía cosas que hacer. Me levante ayudándome con mi cayado, rodeado de pieles de animales para esconder mis manos en épocas invernales. Les eché un último vistazo, sabiendo que al menos un par de ellas iban a desaparecer al final del día. Mus pies descalzos dolian a cada paso que daba. La aldea quedaba bastante lejos del lugar de pastoreo y yo tenia que recorrer ese terreno descarpado y terroso dos veces al día. Un poco antes de llegar, contemple la aldea desde lejos. Las Viejas Canciones decían que siglos atrás, esta había sido unas aldeas mas ricas y prósperas de la isla de Fraud. Hoy, estaba maldita, junto a sus lúgubres, pobres y tristes habitantes.  
Suspire y segui caminando hasta mi choza. 
Luka, mi hermano menor, me esperaba en la puerta, jugando en la tierra con unas piedras. Al verme, una gran sonrisa se dibujó en su rostro y corrió a abrazarme. 

- Hola, Kovu - dijo apretado contra mi. 
- Hola, enano, ¿Cómo amaneciste hoy? - recorrí sus rulos azabache despeinados con mi mano. 
- Bien, pero la abu tiene un mal día - dijo separándose y con un dejo triste en la cara. 
- Ya sabes como es, se preocupa por todo, especialmente por ti. 
- Cumpli 10 años dos lunas atrás, ya no soy un niño - dijo orgulloso la cabeza. Un brillo asomó en sus enormes ojos negros. 
- Claro que lo eres, ranita. 

Lo oi protestar sobre su apodo mientras entraba a la choza. Mi abuela centenaria estaba sentada en su mecedora, cantando una antigua y conocida canción. 
Años atras, durante tiempos mas prosperos, la pequeña choza estaba llena por los integrantes de mi familia. Mi abuela, mis padres, Anuk, mi hermano mayor, Luka y yo. Mis padres y Anuk desaparecieron, fueron los primeros de la aldea, pero no los últimos. 

- Hola, Gran Madre - la saludé y me arrodille frente a ella. 
- ¿Kamel? - preguntó, confundiendome con mi padre. Sus ojos ciegos parecían mirarme fijo. 
- No, soy Kovu - tomé sus manos raquiticas y arrugadas y las coloqué sobre mi rostro. 
- Veo cosas malas, Kovu. 
- Lo sé, Gran Madre. 
- Los cultivos se abichan, se pudren y se secan. Los niños mueren en el vientre de sus madres y los pocos que nacen se enferman y sus padres prefieren que esten muertos. Hay mucho sufrimiento, la tierra esta envenenada, hijo mio, y nosotros nos envenenamos de a poco. - hablaba en la Alta Lengua, un idioma ya casi olvidado en las aldeas mas civilizadas pero aún común en la nuestra. 

No supe que decir, asenti con sus manos en mi cara. 

- Somos insignificantes, todos en este pueblo fuimos olvidados por el Padre Sol y la Madre Luna, nos han dejado a la merced de aquellos que vienen del mar. Vete de aqui y llevate a tu hermano, a ustedes no los han olvidado. 
- Naci aqui, abuela, no puedo dejar a la Comunidad.
- Entonces verás morir a todos, y luego a Luka. Morira en tus brazos y no podrás soportar el dolor. ¡Morirás solo! 

El tono de su voz aumentaba en cada palabra y supe que ya estaba delirando de nuevo. Ya no era la gran sabia que antes había sido. 
Volví a salir, cerrando la débil puerta de madera detrás de mi. 

- Te lo dije - fue lo primero que dijo Luka al verme, habia escuchado todo. 

Asenti, pero un terrible sentimiento me abrumo. ¿Y si no eran sólo delirios de mi abuela? 

- ¿Cómo está el maíz? - pregunte, apretando con fuerza mi cayado. 

- Ya esta seco del todo, pero no me animé a abrir las hojas. 
- Vamos a ver. 

En la parte de atrás de nuestra choza había una pequeña huerta, donde cultivabamos nuestra comida. Todas las chozas del pueblo tenian una igual. Pero estabamos todos hambrientos. 
Mi hermano se coló entre las 8 plantas de maíz que teníamos y arrancó una mazorca con sus manos llenas de tierra. La miró un momento y luego me la alcanzó. 

- No me animo, abrela tú - dijo casi con un hilo de voz. 

Apenas la abrí, los ojos de Luka se llenaron de esperanza, ya que en la punta asomaban unos gordos granos amarillos. Pero cuando descubrí el resto, sus ojos se plagaron de lágrimas. Estaba completamente podrida y llena de larvas de bichos. 

- ¡No puede ser! - gritó - ¡Las revisamos todos los días! 

Tuve que ser fuerte e intentar mantener la calma. Con un dejo de esperanza, abrí el resto de las mazorcas. Sólo dos estaban mínimamente comestibles. 

- Llevalas adentro y come con la abuela. - ordene - Voy a intentar cazar algo para la noche. 
- Déjame acompañarte, no puedes hacerlo sólo. - dijo y saco de entre su ropa el totem que tenía atado al cuello. Enseguida le ordene que lo guardara. 
- Nunca se lo muestres a nadie - dije, arrodillandome frente a el y sosteniendo sus hombros - Nunca, ¿me entiendes? 

Pareció asustarse por mi reacción y asintió con las mazorcas en las manos. 

- No puedo dejar que vengas conmigo, aun más con lo que pasó la última vez - dije, mirando sus brazo derecho lleno de cicatrices - Ahora haz lo que te digo. 

Se dio la vuelta y enseguida entró a la choza. 

Ate el cayado a la espalda y me interné en el bosque.
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Re: Fraud [vuelta]

Mensaje por Chreatura. el Dom Sep 13, 2015 8:48 pm

(Bueno bueno, yo presentaré a mi personaje en forma de fichas (he he) y además de su historia anterior, dejaré un breve posteo de su situación actual. ¡Allá vamos!)


Nombre: Mammon Aubach

Edad: 20

Apariencia: Alto (1,81 m), complexión atlética, tez aceitunada, cabello negro, corto y ondulado, ojos verde oliva. Tiene siempre una expresión serena y tranquila, su sonrisa es cálida y encantadora, sus facciones son varoniles pero no toscas, tiene un lunar bajo el ojo izquierdo. Usa ropas de tela basta y común, nada llamativa, una capa larga algo andrajosa, botas de cuero oscuro, a juego con la túnica y calzas blancas.
Personalidad y otros aspectos: Tranquilo, dulce, complaciente y muy preocupado de sus seres queridos, al punto de hacer enormes sacrificios. Es muy fuerte debido a las tormentosas vivencias de su infancia y a pesar de su baja cuna tiene maneras inusitadamente refinadas y conocimientos amplios y variados adquiridos durante su peregrinaje y trabajos para subsistir, además de una asombrosa capacidad de supervivencia en situaciones extremas. Tiene una voluntad de hierro cuando se fija un objetivo pero es flexible en estrategias. En resumen, un ser sumamente sensible pero con un sentido de conservación fuera de lo común.

Datos Extra: Es amante de la música y artes en general. Tiene una voz de barítono suave y preciosa, solía cantar siempre con su hermano cuando estaban juntos.  Es cazador y conoce numerosos tipos de plantas pero odia hacerle daño a cualquier ser viviente a no ser por la necesidad.

HISTORIA:


Nacido en una familia de campesinos pobres en un villorrio perdido entre dos reinos en guerra, Mammon perdió a temprana edad a sus padres, quedando a cargo de su único hermano superviviente, Joshua.  La crítica situación lo obligó a trabajar por pagas míseras casi bordeando la esclavitud durante un largo período, hasta que su hermano tuvo que hacer lo mismo, muy a su pesar, aunque trabajando siempre juntos.
No pasó mucho tiempo hasta que la guerra arrasó con el villorrio y los hermanos que sobrevivieron de pura suerte, tuvieron que huir, temiéndose enemigos del vencedor, completamente desconocido para ellos pues era de tal precariedad su situación que no tenían conocimiento del señor al cual servían y que era, supuestamente, dueño de aquellas tierras.
Corrieron durante meses por los caminos sin rumbo fijo, absolutamente desamparados. Tuvieron suerte pero sin embargo no pudieron evitar siempre los peligros del viaje constante, así que decidieron emplearse en la primera posada que encontrasen tras ser abordados por una panda de bandidos que de no ser por un encuentro fortuito con mensajeros reales, les hubiera costado la vida.
Así llegaron a la posada  “Corona y Cornamenta”, tugurio de nombre pomposo pero apariencia tan mísera como toda la tierra a su alrededor, y sin embargo famosa por su estratégica ubicación, cercana a la encrucijada de dos importantes rutas comerciales.
Las suaves maneras de Mammon y la laboriosidad de Joshua les forjaron un lugar estable, en conjunto a la inusitada bondad del posadero y su familia, quienes los acogieron de buena gana pues el hijo mayor había muerto en un altercado en el pueblo cercano hace poco tiempo, dejándolos sin más fuerza de trabajo que dos doncellas que ya se veían saturadas con las tareas de la posada y el campo familiar.
Lamentablemente, los giros del destino llevaron a los hermanos a una situación aún más dramática que las penurias anteriores. Tras la llegada de un misterioso grupo, hubo una ola de extrañas desapariciones en la taberna y alrededores, que terminaron con la intempestiva partida de los sospechosos forasteros, quienes se llevaron consigo también a Joshua.
Mammon se vio devastado y juró que, aunque tuviera que recorrer todos los reinos, pueblos  y villas no se detendría hasta encontrar y castigar a aquellos que se llevaron a su hermano, iniciando su incansable peregrinaje que lo llevaría hacia un inexorable destino.

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El sol pegaba en su rostro con la suavidad de los primeros rayos, sacándolo del leve sopor del sueño ligero acostumbrado del peregrino. Frotó sus ojos suavemente y se desperezó, olfateando la tierra húmeda de rocío y la hierba aplastada bajo su peso en la tranquilidad del claro a un lado del camino. Había sido una noche inusitadamente tranquila, pero lo atribuyó a la cercanía de las pocas aldeas relativamente prósperas que quedaban en la Isla, muchísimo menos conflictivas que su lugar de procedencia. Oyó el paso de una carreta tirada por caballos muy a lo lejos y no supo decir si se acercaba o estaba alejando, pero de todas formas decidió que ya era hora de volver a emprender el viaje. Ya hacía bastante tiempo que estaba recorriendo las vastas carreteras, a veces simples senderos, que surcaban la isla y se había acostumbrado a los tiempos, itinerarios y señales que le garantizaban seguridad.
Sus ojos, a pesar de conservar el brillo vivaz de aquel que aprecia la belleza de la vida, tenían un dejo de dolor profundo y sufrimiento que no terminaba de calzar en aquel rostro sereno y amable que era humedecido por dos manos cuarteadas a punta de labranza y trabajos pesados que sin embargo resultaban todavía muy agradables de apreciar en su tarea. Tras haber lavado su cara, bebió de la cantimplora y comió una frugal merienda consistente en pan de centeno y queso, ambos duros y el segundo un poco rancio debido al largo tiempo guardado en la bolsa, sin embargo, consumió todo rápida y limpiamente pues el hambre no le dio espacio a hacer ascos a nada.
La temperatura de la noche anterior, para su suerte, le ahorró el tener que encender una fogata por lo que solamente empacó las pieles de viaje que no eran demasiado voluminosas de todas formas y salió de del pequeño bosquecillo, caminando apenas unos metros, y subió el surco que lo separaba del sendero.
El peregrino estaba alegre, no había tenido problemas ni obstáculos en su camino durante un tiempo, aunque no por ello bajaba la guardia, los tiempos de bonanza había que aprovecharlos pero siempre atento al cambio. Sin embargo, le resultó imposible mantenerse excesivamente alerta en una campiña tan agradable como aquella.
Poco a poco fue uniformando el paso y se abstrajo completamente en reflexiones ligeras como los pájaros que surcaban el cielo matutino, llenando sus oídos de un trino musical y agradable que agradeció inconscientemente e imitó por reflejo pasado el rato, atrayendo a unos cuantos ejemplares más que se unieron como un melódico y delicado coro. Pronto, el peregrino tomó conciencia del jubiloso espectáculo que estaba dando y rió con carcajadas tan melodiosas como el trino de los pájaros.
Así, entre canto y risa, pasó gran parte de la mañana, caminando cobijado por la exuberante arboleda que enmarcaba el sendero y avanzó inesperadamente una distancia considerable, llegando a las cercanías de un pequeño asentamiento. De a poco comenzó a cruzarse con cada vez mas personas, muchas de ellas de aspecto cansado y rostros demacrados, fustigados por el mismo látigo que sintió él hace no demasiado, la pérdida y la más absoluta miseria, consecuencias de la guerra y los aciagos y extraños hechos que eran cada vez mas frecuentes en la Isla. 
El contraste entre las personas y el agradable paisaje disparó todas sus alertas, pues la gran mayoría iba en sentido contrario, alentada por la reconocible prisa de la huída. 
Sin pensarlo mucho más, decidió preguntar sobre la situación de los alrededores a una joven mujer que llevaba de la mano a dos pequeños niños que apenas podían caminar.
No alcanzó a formular la pregunta cuando la mujer desvió los ojos y lo evitó como pudo, dejándole las palabras en la boca. Comprendió el miedo y el recelo, lo que le ayudó a formularse una idea de la desgracia que le esperada en el próximo recodo del camino.
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Re: Fraud [vuelta]

Mensaje por Piki el Dom Sep 20, 2015 8:36 pm

Caminaba la quinta ronda por encima de las murallas, ya maquinalmente, mirando en todos los rincones habituales y cuidando de no emitir sonido.
El aire estaba demasiado quieto y gélido, daba la sensación de tener a un hombre de hielo respirándome despacio en la nuca. 
Cuando, al otro lado de la ciuda, divisé una figura que correteaba hacia el muro, apenas tuve que encorvarme para que no me viera volver hacia la torre cercana. Dentro, tomé parte del polvo en un frasco junto a la hoguera, y lo tiré a las llamas, antes de partir de nuevo al punto desde el que lo vi, dejando atrás una torre de humo de un rojo oscuro.
Era la señal para que el resto de los guardias supieran que había alguien del otro lado en actitud extraña. 
La criatura con forma humana estaba terminando de trepar con una rapidez y agilidad inexplicables, los últimos metros. Cargué el arco y una flecha le acertó en el antebrazo más adelantado. Corrí a descargar la fuerza de mi hacha sobre el resto.
El rostro era una sola expresión de locura y odio, que se incorporó tras usar la mano que no tenía herida. Me miraba y se reía antes de abalanzarse hacia mí. 


Me senté de un solo impulso.

- Era un qarr. Él era un qarr, estoy segura, lo puedo jurar.

Jadeaba porque no me daban los pulmones para el aire que necesitaba.

- ¿Un qarr? Basta ya. Ha sido otra pesadilla.

Mientras los hombros me subían y me bajaban y el corazón luchaba por salirse, sentía un par de manos nudosas frotándome la espalda.
Cuando pude respirar mejor, eché la cabeza hacia adelante. Algunos mechones se me pegaban a la frente, llenos de sudor. 

-Esta vez estoy segura de que era un qarr, Arquero -le repetí. Me giró para mirarme.
- ¿Lo estás? Brodea lleva demasiados ciclos sin que un solo qarr ataque; y Fraud lleva una cantidad no muy diferente sin ver a uno siquiera en los puertos.
- Yo vi a uno.
- Sí, cuando apenas tenías cuatro ciclos.
- Ahora tampoco tú vas a creerme.
- Cuéntame tú cómo te tomarías el relato de un guardia que lleva demasiados soles sin dormir, sobre un hombre que apareció y desapareció de la muralla sin que nadie más lo viera; y que para colmo asegura que fue un qarr.

Volví a darme la vuelta y no lo miré. Sentía sus ojos clavados en mi espalda desnuda. Finalmente suspiró y me apretó suavemente los brazos.

- Déjalo ir, Amazona. Sabes que no van a creerte si no les llevas pruebas. Ahora volvamos a dormir.

Muy a mi pesar, volví a posar el cuerpo en el colchón desarmado del catre de madera. Ni los postigos cerrados me daban la tranquilidad como para dormirme rápido.
Él me abrazó de nuevo y me cantó en las viejas lenguas hasta que se durmió. De todas formas, no aguanté mucho tiempo más; a pesar de seguir viendo el rostro del qarr en mi mente.

Arquero tenía razón. Si cuando llegaron los otros guardias a mi posición, yo estaba en la base de la muralla, por fuera, lanzando flechas a la nada, era más probable que hubiera bebido demasiado vino esa noche en vez de haberme cruzado con hombres que llevaban mucho tiempo lejos de Fraud.
La idea me tranquilizó por poco tiempo. A eso, tenía que sumarle que sentía el pecho rizado y tibio contra mi espalda, sus manos alrededor de mi cintura y mis propios brazos. Entre escalofríos y apretar los dientes unos instantes, pude disipar la culpa.

Antes del amanecer, me escurrí del lugar como un espíritu, me calcé la ropa y dejé un espacio mínimo entre cuello y capucha de mi capa. Daba por seguro que él sabía adónde me iba.

Casi corrí por los lugares que, por experiencia, sabía que no se veía que pasaba, hasta llegar a una puerta que conocía de memoria. De nuevo, dentro de casa, ya no podía dormir, por lo que reavivé las ascuas de la chimenea, y me senté de piernas cruzadas en el suelo, armando nuevas flechas y puliendo las cabezas de las que ya tenía.

Ya eran tres las ovejas que en esos días se ponían demasiado nerviosas acercándose a la parte más occidental del bosque, y terminaban quebrándose una pata o cayendo al río, de donde inevitablemente salían muertas. Herrero había encontrado un hacha arrojadiza clavada en el dintel de la puerta de la forja comunitaria, y no era de la que habitualmente se hacían allí. Arquero mismo notaba a su halcón bastante sobresaltado y reacio a volar sobre ciertas áreas.
En mi último viaje, los marineros de Noum soltaron ciertos comentarios sobre los hijos desaparecidos de Daario; y si me guiaba por la boca de varios, otros campesinos habían perdido hermanos y esposas por igual.

Recité las palabras para Valentía, y seguí tallando flechas en piedra. Más tarde, me enfrentaría al Consejo, y quisiera Tata allí que en vez de reírse, al menos guardasen silencio ante mis temores.

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Re: Fraud [vuelta]

Mensaje por Inu Wolf el Sáb Oct 03, 2015 8:19 pm

El viejo barco se mecía chirriante entre la bruma, su andar era cansino, como si pidiera ser jubilado pronto. No era el único que deseaba ser libre, el joven Bertram que salía a cubierta también rogaba por ello, harto de la vida de mar.
 
El castaño oteó el horizonte, viendo la gran masa que se congregaba en el puerto para darles la bienvenida graznando. Al barco siempre lo seguían una ó dos gaviotas, pero a su llegada, si había habido buena pesca fácilmente habían decenas aguardando.  Las aves no eran los únicos que esperaban por ellos. En el muelle ya podía distinguir las dos siluetas, un joven de cabello castaño, barba incipiente y sonrisa amable se mantenía muy erguido, indicándolos mientras le decía algo a la pequeña muchacha a su lado. La chica era de un tamaño promedio para alguien de 14 años, cabello negro azabache y rasgos finos escondidos en una pequeña capa de mugre y ropa de varón. Su mirada de ojos castaños iguales a los del mayor se mostraba alegre por la llegada del barco, parecía tan entusiasta que a nadie hubiese extrañado que se lanzará al agua y tratara alcanzar la embarcación.
 
Bertram sonrió, sus hermanos eran en gran medida el único motivo por el que seguía en aquello. Eso y el hecho de que su padre no admitiría jamás que dejara el negocio familiar.
 
- ¡Espabila! —le gritó desde el susodicho desde el timón—. ¡las velas!
 
Su primogénito suspiro y comenzó a trepar cual araña para comenzar a recogerlas, rezongando bajo pues ya adivinaba la pelea que tendría con los viejos y gastados cabos.
 
 
Más tarde en el puerto, ya con la pesca descargada el padre de los chicos repartió las tareas en forma usual y se fue con buena parte de ella en el carro a hacer las entregas a sus clientes usuales, no sin antes pasar a la casa a asearse. Bertram tendría que encargarse de limpiar el maltrecho barco y dejar los pertrechos en orden para el próximo zarpe. Matthew, el hermano del medio, debía encargarse de la venta del resto de los pescados en el puesto que les correspondía en la calle de los comerciantes, lo cual no se le hacía muy difícil debido al buen trato que mantenía con todos. Y mientras tanto, a la pequeña Sybille le tocaba llevarse todos las mariscos y el resto de las cosas difíciles de mantener, en una carretilla para irlas vendiendo por la calle a voceo.
 
Al ir Bertram hacia el barco se encontró con una figurilla conocida husmeando– ¿No deberías estar camino a las calles, pulga? –dijo a pleno pulmón mientras subía, haciendo crujir la madera bajo su peso.
 
– ¡No me llames así! –protestó la pequeña, sonriéndole a su hermano mayor– ¡Venía a ver si querías esto, pero no debería traértelo por mala persona! –de debajo de su ropa la chica sacó un bultito, descubriendo al quitar la tela una hogaza de pan y una rebanada de cerdo– Te la guardé del desayuno –le dijo al entregársela. Sybelle no había tenido una vida fácil, su madre se había tenido que marchar poco después de que ella naciera y ninguno de sus hermanos hablaba mucho de ella. Su padre había resentido mucho su pérdida, al punto que no fue capaz de seguir trabajando la posada que tenían y la había vendido para comprarse el barco donde se escapaba por semanas.  Su otro hermano era todo amabilidad y siempre la estaba cuidando, tal vez más incluso que el propio Bertram que tenía un lado bueno y uno malo, pero su lado bueno la hacía reír, por eso trataba de estar cerca cuando el malo no andaba.
 
– ¿Y como debo llamarte entonces? ¿Señorita Sybille? –levantó el sándwich y le dio una mascada, viendo a la niña ir casi a saltos de un lado al otro, explorando el lugar como si fuera la primera vez. Su personalidad alegre podía animar a cualquiera, incluso en un lugar tan deprimente como ese montón de madera apolillada.
 
– Uhm, princesa Sybille no estaría mal, ya que lo mencionas, pero con Syb me conformo.
 
– Syb, que original. Dejame adivinar, fue Matthew. ¿Cómo le llamas tu, Matt?
 
– No te pongas pesado –protestó la chica subiendo hasta medio camino del nido de cuervos con bastante agilidad– siempre criticas todo lo que hacemos –quería decirle que se estaba poniendo tan uraño como su papá del que tanto se quejaba, pero eso sería atraer al Bert malo, y ese le daba miedo.
 
– Ya ya, solo molestaba. No seas quejica… aunque deberíamos llamarte mono. Eres una monada y además con esas habilidades para andar allá arriba deberías irte tu con padre –la vio saltar de una cuerda a la otra y por un momento todo él estuvo en tensión, pero fue un salto limpio, como siempre. Se terminó el tentempié que su hermana le había llevado y les hizo señas para que bajara­– Anda, tengo que hacerle mantención a esta cosa y tu tienes que ir a vender o te meterás en lios. Más tarde puedes venir y hacemos algo.
 
– ¿Lo prometes?
 
– prometido, monita. Ahora salta –el chico extendió los brazos, justo tiempo para agarrar a su hermana– Auch…estás más pesada. Mejor me sigues guardando la comida –le besó la frente y la bajó– andando.
 
– ¡Mira quien lo dice! ¡Te está saliendo panza! –y echó a correr tras esa mentira flagrante. En esos tiempos la única forma en que alguien como ellos tuviera panza sería que contrajera alguna clase de enfermedad o…gusanos.

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Re: Fraud [vuelta]

Mensaje por Piki el Lun Oct 12, 2015 9:03 pm

El reloj de sol de la entrada de la casa me marcó el momento en el que empezaría a reunirse el Consejo de Armas, en el centro mismo de la ciudadela.
Ya llevaba media vuelta a la esfera antes de esa hora, preparando mis pertrechos. No me vestí muy llamativa pero tampoco descuidé la forma de hacerlo. Si bien al lugar al que iba no se podía entrar con armas, ir sin alguna de ellas daba la impresión de ir de pasada, no estar lista para la batalla, y a los ojos de los antepasados (y principalmente de los vivos) era una falta de respeto a las Costumbres.
Recorrí la ruta a pie, me daba más tiempo a pensar y ventilaría el cuerpo moviendo la sangre, a diferencia del caballo. Desde casa, donde las construcciones salpicaban grandes extensiones verdes, empezó a entramarse la ciudad hasta convertirse en una maraña de callejuelas y edificios varias veces amontonados, hasta Bastión. Allí era donde los primeros Fundadores habían erigido la casa común mientras construían murallas y otros edificios, para poder defenderse todos juntos de los embates de otras criaturas. Todos los asuntos importantes pasaban por allí ahora, amén de que ya cada uno tenía su casa.
Era un edificio con sus propios muros alrededor, no exactamente en el centro de la ciudadela pero sí bastante cercano a él. Una de las salas, Ceniza, era bajo la que se guardaban las urnas con los restos quemados de los fundadores, como correspondía a nuestra estirpe de antiguos jinetes de dragones. En Ceniza era donde se celebraban los Consejos de Armas, todos los días; siendo uno de cada tres, público. Yo había asistido al privado, supuestamente exclusivo para los jefes de cada disciplina de la guerra, y uno de cada otro rubro de actividades fundamentales del pueblo.

Los guardias apostados en absolutamente todos los umbrales hasta Ceniza, intentaron frenarme. En mi cálculo de tiempo incluía lo que perdería imponiendo mi necesidad de hablar ante el Consejo, al menos fuera en nombre de la muralla cuya guardia capitaneaba por las noches, donde sucedió todo.
Finalmente me planté sobre el umbral de la sala a la que iba.
- Ruego a los dragones, nos iluminen con su fuego. -era la frase protocolar antes de entrar.
El pasillo que seguía y que precedía a Ceniza, tenía tallados diez escuderos, uno por familia fundadora, al doble del tamaño natural, con sus brazos extendidos.
De ellos se colgaban las armas, de la misma manera que lo habían hecho personas algo complicadas de tratar, por las que reconocí que pendían allí.

Cuando traspuse el segundo umbral, una conversación fluida de base tintineaba como un arroyo, probablemente haciendo tiempo para algún tema en especial. Automáticamente, cesó, y como era de esperar, todas las miradas fueron de sentimientos lúgubres, sobre mí. Sólo mi tutora de la Academia, que estaba allí porque era ahora Jefa de Hacha, me transmitió calma, incluso cautela.

- El Consejo de hoy es privado, Rita.
- Buen sol antes que nada, padre. -le sonreí al Jefe Guerrero.
- Repito.. -empezó, pero le corté.
- .. que el Consejo de hoy es privado, y el público es recién en dos soles. Gracias, pero aprendí a usar ábacos. No hubiera interrumpido los delicados temas que los convocan de no creer que era estrictamente necesario ponerlos al tanto.

El silencio se mantuvo algunos instantes. La mesa de madera con un dragón rampante más oscuro, alrededor de la que se sentaban tenían cantidades variables de sillas, dependiendo de quién asistía; y a pesar de que sobraban lugares, nadie me invitó a sentarme.
Proseguí porque nadie rebatió mis argumentos.

- Si este Consejo acepta, puedo exponer mi asunto antes de que traten lo que tengan que tratar.
- Estábamos discutiendo otras cosas, probablemente más importantes que tu misterio. -dijo una mujer arrugada, Jefa de las Cosechas.
- Estoy ciega, mas no sorda. Si quieren hacerme pensar que el deterioro del pescado si no se conserva en sal, es más relevante que las noticias de Guardiamuralla, no tienen mucho futuro como embusteros, gracias a los dragones.

Silencio sepulcral.

- Adelante. -cedió el Guerrero.
- Sucedió hace ya dos ocasos. 
Y pasé a relatarles tal cual mi sueño, excepto por el final. El qarr había terminado por caer de poca altura, desde la muralla, sin haber podido llegar al tope. De todas maneras lo  identifiqué porque las llamas de las almenas me dejaron ver sus rasgos. Lo perseguí cuando empezó a adentrarse en el bosque, pero además de desarrollar increíbles velocidades, descargó contra mí un ramaje entero de un pino seco, por lo que le perdí el rastro no mucho después. Incluso los guardias que llegaron luego de la señal y me siguieron a mí, que soltaron perros y rastrearon el perímetro, no pudieron dar con la pista. Los caminos se bifurcaban de una misma huella, y en un área enorme no había ni un solo campamento o resto de hoguera.
Cuando terminé el relato, habían quienes se desenredaban la barba, otros me miraban escépticos o burlones, e incluso uno cabeceaba.

- ¿Por qué no se lo avisaste al Jefe de la Guardia? -me preguntó un hombre escuálido, Jefe Hilandero.
- Raaz ha sido enviado a Noum a evaluar los cargamentos de nuevas armas para la Guardia, de esto hacen cuatro soles. Decidí no divulgar cosas que podrían preocupar al pueblo. -el hombre bajó la cabeza, nervioso. Se supone que se veían todos los días en el Consejo.
- ¿Y qué criatura crees que era este hombre misterioso? -me interrogó el Jefe Guerrero, inquisidor.
- Un qarr.

Automáticamente estalló una tormenta de risas de diferentes timbres. Algunas eran sólo entre dientes y otras más a mandíbula batiente. Sólo dos personas no reían: mi tutora y el Jefe Herrero. Ellos miraban con ojos confundidos y sombríos a la vez.
Mi autocontrol tenía un límite, y estuve a punto de traspasarlo antes de que se me ocurriera lo que dije a continuación, en tono firme y dando un paso más.

- No he venido a contar chistes en una ronda. Tampoco he ganado mi posición a base de mentiras. Exijo que se me trate con respeto.

Entonces las risas empezaron a ceder y ser reemplazadas por miradas serias, más hostiles. El Guerrero, que terminaba de reír, hincó un codo en la mesa y apoyó el mentón en sus dedos flexionados, alzando una ceja.

- No tenemos tiempo para suposiciones tan al aire. ¿Un qarr? ¿Después de tantos años? -volvió a soltar una risa.
- Descríbelo. -ordenó el Herrero. Me gustaba su tono, se estaba tomando en serio mi declaración.
- No era diferente a uno de nosotros en el cuerpo. Sí tenía ojos enormes y oscuros, expresión desquiciada, y risa estridente: los otros centinelas que llegaron tras de mí la escucharon. Su yelmo era un cráneo pálido de humano, y bajo una capa de piel llevaba una coraza entera de costillas. En la frente del cráneo había pintado en rojo oscuro y brillante un árbol en llamas. Cuando le herí el hombro pasó a su otra mano una espada corta con la hoja oscura al igual que el pomo.

Ahora sí esperé unos segundos. Todos estaban en tensión, porque sabían que ésa era la descripción del atuendo de un qarr, hubiéranlo visto o no alguna vez.
Empecé a hablar paseando la vista por todos los presentes. Los ojos del Herrero eran tan impenetrables como el acero de su forja.

- Era pequeña, pero recuerdo con claridad la jaula que llegó a Noum con tres de ellos. Fueron los sobrevivientes de una de sus pocas expediciones marítimas, e intentaron atracar a los barcos de los costeros. Durante siete soles se los exhibió en el mercado, con y sin sus vestimentas. Vívidamente conservo las marcas que llevaban en la piel, la forma de mirar a pesar de estar enclaustrados, las armas que usaban, el armadura y su símbolo -entonces clavé la vista en el Guerrero-. Cuando fueron finalmente ahorcados, mi padre me pidió que no olvidara, que alguna vez podían amenazarnos de nuevo.
- Estás haciendo una declaración complicada y lo sabes -puntualizó el Jefe Médico, con los dedos largos llenos de cicatrices entrelazados-. Si lo que dices es cierto, el pueblo del que nos emancipamos ha vuelto con algún propósito. Y de eso hace un tiempo considerable.
- Y una distancia considerable también, teniendo en cuenta que no son un pueblo de navegantes. Sí, es información complicada y sus risas confirman que mis primeras suposiciones incluso contra mí misma son acertadas, porque es improbable. 
- ¿Y qué es lo que quieres de este Consejo? -tomó otro la palabra, antes de que nos despedazáramos con los ojos.
- Que escuchen a su propio pueblo.
- Crees que eres representación suficiente de lo que llamas "pueblo", asumo entonces -el Jefe Comerciante era un tipo ácido, muy inteligente.
- No, en absoluto -dije sacudiendo la cabeza- Me remito a lo que dice Brodea, e incluso fuera de ella. En Noum mismo ha desaparecido gente. Los campesinos pierden ovejas, encuentran cosechas a medio quemar. Los pájaros están inquietos. Los caballos se encabritan si caminan por ciertos senderos. Los guardianes fantasma de la muralla de afuera también han visto cosas, me lo han dicho. Cuenten las flechas de mi carcaj de guardia y comparen con el inventario antes de salir esa noche. Pregúntenle a quienes soltaron los perros. Sean o no qarr, si es que desconfían de mi criterio, algo sucede de los muros hacia afuera.
- Mientras no afecte a los habitantes de Brodea, tenemos cosas más urgentes que enfrentar que las conjeturas basadas en un solo par de ojos cansados que vio de noche a un hombre correr. -dijo, desentendiéndose, un Jefe recién nombrado. Monté en cólera.
- No les pido que me renueven provisiones ni que refuercen los controles. Si todo esto ha sido producto de las coincidencias, pasarán como mucho dos ciclos de alboroto y vigilancia y todos olvidaremos tranquilamente el asunto. Pero si de verdad sucede algo peor, todos cerraremos los postigos por las noches sin poder dormir, pensando que dejamos desamparados a los habitantes de la isla porque era más cómodo decidir el color del próximo trofeo.
- Lo tuyo deben ser sugerencias, no órdenes. ¡Por algo estás allí y no aquí, vuelve a tu lugar! -me dijo ya en voz alta el Guerrero, parándose de su silla.
- Bajo estas rocas nos observan quienes murieron por levantar los muros que nos protegen, y que echarás por tierra si no prestas atención a lo que tu propio pueblo te dice. Por mantener tu humanidad y la de muchos otros soldados reposando sobre tronos de arcilla. Y confío en tu criterio de no empezar aquí, frente a Ellos, una disputa entre hermanos.
- No podemos volcar a todo el mundo a las afueras para controlar las imaginerías de los aldeanos -rezongó el Jefe de Caballerizas.
- Juramos proteger a esos aldeanos, los habitantes de Fraud, no podemos fallarles ahora. -apunté ahora directamente al Guerrero- Tú mismo, cuando se te entregó el cetrodragón, repetiste estos votos. ¡"Nosotros, brodeanos, hemos sido y seremos guardianes de la Isla Libre de Fraud"! ¿Van a dejar que muera gente por su egoísmo?

Mi última frase quedó colgaba del silencio profundo de Ceniza. Se escuchaban las respiraciones agitadas de los presentes.

- Trataremos el tema, en este mismo Consejo. Doy mi palabra -dijo dando un paso adelante la Jefa de Hachas, Kloe-. Gracias, Amazona.

Hizo una inclinación de cabeza y se tocó el hombro izquierdo con la mano derecha. Eso significaba que, amablemente, la conversación había terminado. Estaba por devolverle el gesto, ya más calmada, cuando de nuevo la Jefa de Cosechas habló en tono nervioso.

- Y para la próxima vez podrías cubrirte el ojo, niña.
- La vida me ha dado ese ojo, y ella y los espíritus son los únicos ante los que tengo que responder. Ya me conocen, y saben que hay cosas más oscuras en todas las personas que un ojo que no ve. No es problema suyo ni mío que otras criaturas no toleren lo que es diferente. -toqué mi hombro y planté una sonrisa radiante-. Que el fuego de los dragones los ilumine.

Salí a pasos calmos de Ceniza, sintiendo el silencio que volví a sembrar y que sólo se rompió después de unos segundos, con voces bajas que ni me preocupé en desmenuzar.
Tomé mis cosas de los brazos de madera de los centinelas, y salí de nuevo al corazón de Brodea.
Era día de entrenamiento en la Academia, y antes debía pasar por la herrería. El sol brillaba sobre el cielo atravesado de unas pocas nubes, y un viento tibio y húmedo anunciaba una tormenta fugaz para la tarde.

Pero la verdadera tormenta se olía de las tranquilas rocas de la Muralla hacia afuera.

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